PAULA CANO

Comparte este post con una amiga

Cómo pasar del “miedo” de contratar a un diseñador a sentirte revitalizada y motivada con su aporte

Confieso que empecé a escribir este post varias veces y siempre llegaba a la misma conclusión: lo estaba haciendo desde mi punto de vista y no desde el del cliente. Por eso hice una encuesta y pedí sus respuestas y ahora sí, desde esta nueva perspectiva vuelvo a escribirlo con la certeza de que les servirá mucho más ahora.

Antes de empezar déjenme poner un breve contexto. En distintos foros y grupos de negocios en los que participo, en su gran mayoría (por no decir absolutamente todos) compuestos por mujeres con emprendimientos propios y marcas personales, es recurrente la búsqueda de diseñadores(as). Más allá de lo que significa la inversión económica (de la cuál también hablaremos en este post), el foco de estas conversaciones SIEMPRE termina siendo la experiencia que vivieron, cómo se sintieron trabajando con tal o cuál profesional.

Me animo a pensar que es porque en este tipo de negocios estamos tan personalmente involucradas que nos cuesta separarnos del plano emocional y el diseño adquiere una dimensión distinta a la de cualquier otro servicio que contratamos, y eso trae el MIEDO.

¿Cuáles son esos miedos?

De la encuesta que hice estas fueron las respuestas más resonantes:

  • Que no sepa interpretar lo que deseaban,
  • Que no sea la persona indicada para ayudarlas en ese proyecto,
  • Que la entienda pero no logre plasmarlo visualmente,
  • Que tenga que explicarle tantas cosas que hubiera sido más fácil hacerlo ella misma,
  • Que no se sienta reflejada en el resultado,
  • Que no le de opciones para elegir,
  • Que no pueda hacer los cambios que desee luego de ver la propuesta, y
  • El costo

Todos estos miedos pueden ser mitigados y hasta revertidos al punto de transformar la experiencia de diseño en disfrute e incluso en una inyección de seguridad y motivación. En este post quiero contarles cómo pasar de un extremo (miedo) al otro (disfrute, seguridad, motivación).

1.Que no sepa interpretar lo que deseaban

Este miedo es el más común. Pero antes de entender como mitigarlo es importante te preguntes si buscas a alguien que ejecute tus ideas o a un profesional que te aporte sus conocimientos y visión. Si buscas lo primero difícilmente podrás estar satisfecha con el resultado porque partirás de una idea preconcebida y cerrada al aporte que podría hacerte un diseñador. Si estás abierta a la segunda opción te cuento que en un trabajo de diseño profesional el cliente no se sienta a “contar una historia” al diseñador, si no que lo hace respondiendo a preguntas específicas que llevarán al profesional a desarrollar una propuesta de diseño alineada con lo que se imagina el cliente: integrando los elementos de una identidad de marca de forma armoniosa para llegar al público que desea, que la haga sentir totalmente cómodo para “vestir” esa marca y personificarla. En resumen, en el proceso y la metodología de trabajo que ofrece un diseñador está la clave para que te sientas segura de que podrá captar tu esencia (la de tu marca), indaga antes de empezar cómo son esas etapas y no te sientas inhibida en pedir los detalles de cómo será de punta a punta.

2. Que no sea la persona indicada para ayudarlas en ese proyecto

Creo que este el punto es uno de los más sencillo de resolver. Cada vez más los diseñadores se orientan a nichos porque eso les permite conocer en profundidad el mercado para el cuál están trabajando. Busca diseñadores que trabajen en tu área: productos, servicios, marcas personales, etc. Cuando hayas hecho esa preselección elige aquel con el cuál sientas mayor afinidad estética. ¿Por qué? En mi opinión es muy difícil trasladar a un diseñador una preferencia de estilos que no esté acostumbrado a navegar. En resumen: visita el portfolio de los diseñadores que trabajen con marcas de tu nicho y elige aquel que tenga un estilo que te haga suspirar.

3. Que la entienda pero no logre plasmarlo visualmente

La posibilidad de tener acceso a herramientas como Canva que “democratizan” el diseño y son extremamente útiles para algunas tareas puede dar una falsa sensación de lo que es en realidad la tarea del diseñador. Plasmar un diseño no es un trabajo aleatorio, es consecuencia de: experiencia en traducir conceptos a un lenguaje visual (manejo de herramientas de diseño profesional como Illustrator y Photoshop), análisis del mercado donde actuará esa marca para entender que moviliza al cliente (psicología de los colores y combinaciones tipográficas por ejemplo) y algo que no se estudia que se llama sensibilidad. En resumen: plasmar visualmente una idea no es un trabajo con un resultado aleatorio, es fruto de una combinación de conocimiento, experiencia y sensibilidad.

4. Que tenga que explicarle tantas cosas que hubiera sido más fácil hacerlo ella misma

Si elegiste correctamente el diseñador para ayudarte en tu negocio siguiendo los puntos 1,2 y 3 anteriores, no hay lugar para que pase algo así porque será el diseñador el que guiará el proceso de trabajo y no al revés. La experiencia que puede ofrecer un diseñador es la clave para desterrar este miedo: si puede guiarte y hacerte sentir segura estando al frente del proyecto, mostrándote el camino y argumentando cada decisión es el profesional indicado. ¿Cómo saberlo antes? Leyendo los testimonios con un ojo entrenado. En resumen: no leas solamente como el cliente se sintió con el resultado si no como se sintió a lo largo del proceso. Un diseñador que marca el camino está un paso al frente y tiene el expertise necesario para guiarte haciéndote sentir escuchada y segura de las decisiones que están tomando para tu marca.

5. Que no se sienta reflejada en el resultado

El resultado de un trabajo de diseño no debe ser una cita a ciegas donde no sabes con que encontrarás al abrir la puerta. Imagino cuál es tu temor: después de reunirse y dar los lineamientos un día llega a tu correo una propuesta y cuando la abres te dan ganas de salir corriendo (o quedarte y ponerte a llorar) porque no tiene nada que ver con lo que imaginaste. Y ahí, ya metida en el lío, la única opción es hacer uno u otro cambio y resignarte a que tendrás que seguir adelante con algo que no te emociona en lo más mínimo o “cajonear” el diseño y seguir cómo antes. Yo personalmente ofrezco una metodología de trabajo diseño de identidades llamada Marcas Prediseñadas donde el cliente ya puede vislumbrar el resultado. Esta forma de trabajo permite cómo digo que nos encontremos a mitad de camino porque el cliente sabe que el diseño que eligió lo atrae y le hace sentido para su marca y yo porque puedo desarrollar estéticamente propuestas coherentes con mucha libertad. Sin embargo, aún cuando trabajo identidades desde cero seguimos una serie de pasos que nos van alineando en un sentido común y antes de presentar una propuesta de identidad se presenta lo que se llama una estrategia de marca que asegura que estamos en total sintonía. En resumen: el resultado no tiene porqué aparecer del día a la mañana, asegúrate que la forma de trabajo que te ofrece el diseñador te permitirá verificar que están en sintonía antes de que te llegue la propuesta de diseño para tu marca: si es una marca prediseñada podrás verlo en forma concreta al elegirla y si es un proceso de branding desde cero que haya una etapa anterior a la propuesta de identidad.

6. Que no le de opciones para elegir

Antes de contratar un diseñador es ideal te envíe una propuesta formal de trabajo donde figure su metodología y aclare el mínimo de opciones que te enviará para que puedas elegir con cuál seguir para hacer refinamientos (esto no aplica a las marcas prediseñadas generalmente). Y tengo una mala noticia. Este suele ser el punto de mayor conflicto entre clientes y diseñadores porque los clientes sienten que si no pueden elegir lo dejan sin otra opción que aceptar lo presentado y el diseñador, por su parte siente (sabe), que es altamente probable que el cliente pida una mezcla de todo lo presentado quitándole total coherencia a la propuesta. La tendencia en el mundo del diseño es presentar lo que se llama “One Concept Model” que es una sola opción al cliente, pero habiendo colocado previamente una instancia cómo la estrategia de marca que asegure que están en sintonía. También hay profesionales que siguen presentando dos o tres propuestas de diseño. Si en la propuesta de trabajo no está aclarado pregunta al diseñador como suele trabajar.  En resumen: tener más opciones no siempre es tener la mejor mejor opción. Mi consejo es que elijas un diseñador a conciencia (revisa todos los puntos anteriores) y que su tiempo esté enfocado en crear una propuesta increíble en lugar de que divida la misma cantidad de tiempo (es la realidad) en crear 3 opciones distintas para que puedas elegir. Y de nuevo: si eliges a un profesional confía en tu decisión, querer controlarlo todo es la señal más clara de que no estás preparada para delegar este aspecto crucial de tu negocio.  

7. Que no pueda hacer los cambios que desee luego de ver la propuesta

Por fin toca uno fácil! La cantidad de cambios incluídos en el valor del servicio contratado DEBE estar estipulado claramente en la propuesta junto al costo que implicaría hacer cambios adicionales, si el cliente los pidiera. El miedo del cliente que está por detrás de este punto es el siguiente “si me presentan algo que no me gusta podré hacer varios cambios hasta llegar a algo que me al menos satisfaga”. Es una especie de mecanismo de seguridad ante cualquier “imprevisto”.  La contraparte es que del punto de vista del diseñador un trabajo con muchas instancias de cambios, es un trabajo que no es rentable. En resumen: para mitigar ese miedo te puedo dar tres consejos: elige un diseñador que te muestre su proceso de forma transparente, revisa su portfolio para asegurarte que estén en sintonía estética y confía en su profesionalismo. Por casualidad, o no, volvimos a los puntos 1, 2 y 3 de este post.

8. El costo

Nos toca terminar con el miedo al “costo” de invertir en una identidad de marca. Crear un negocio rentable implica una inversión y parte de esa inversión es la creación de una identidad de marca que lo represente. Si crees que una identidad no le aportará un diferencial a tu negocio en esta instancia mi recomendación es que no inviertas porque nadie, ningún profesional, podrá convencerte de aquello que internamente no crees. El retorno de la inversión en una identidad no es cuantificable, es más bien “diferenciable” y eso lo hace relativo a los ojos de quiénes lo evalúan. El posicionamiento de marca te permite ser la primera opción en la mente de un cliente y eso te redituará más ventas, pero nunca sabrás cuántas ventas has perdido por no tenerlo hasta hacer esa inversión y comparar ambas situaciones. Por eso creo sin miedo a equivocarme que si deseas crear un negocio de manera profesional la única forma llevarlo a su real potencial es desarrollando su marca. En resumen: si ves la identidad de marca como un costo no es tu momento de contratar a un diseñador.

Ocho miedos versus ocho mitigantes o recomendaciones que me atrevo a dar para que te sientas segura al momento de tomar la decisión de contratar a un diseñador. Y creo que llegado este punto me atrevo a decir que todo podría resumirse en un solo consejo: elige a un diseñador(a) que haga equipo con tu negocio no que “trabaje para” tu negocio, con esa premisa podrás elegir a un profesional idóneo, que te aporte valor y en el cuál confíes para desarrollar el real potencial de tu negocio.

En mi experiencia trabajando junto a mis clientas, dar el paso de contratar a un profesional no solamente posiciona las marcas de sus negocios si no que las revitaliza y llena de motivación para construir la realidad que soñaron para su desarrollo profesional.

¡Hasta pronto!

Paula

Para seguir leyendo…